El Trastorno Límite de la Personalidad desde la perspectiva sistémica

Allen observó cuatro factores en las familias de origen de pacientes con TLP:munch_el_grito

  • Caos familiar
  • Episodios de abandono traumático entremezclados con periodos de sobreinvolucración
  • Esfuerzos para la autonomía del paciente interpretados por la familia como deslealtad
  • Amor parental conseguido solo a través de la disfunción del paciente

Las ideas propuestas por Materson, basadas en las tesis sobre el desarrollo de Bowlby y de Mahler, insisten en el papel de la madre facilitadora del mantenimiento del vínculo simbiótico con el hijo en tanto teme perder su amor si el hijo se empeña en adquirir autonomía. Los hijos se verían así enfrentados en el dilema de que ser autónomo signifique perder el amor materno.

En la misma línea, Allen y cols, describen un patrón de conducta común en el hijo es el denominado ‘spoiling’, “consiste en un comportamiento hostil, exigente, provocativo y autodestructivo. Este comportamiento es posible que se genere desde la percepción por parte del niño que, para mantener la estabilidad parental, debe permanecer dependiente en cierto modo de los padres y, simultáneamente, ser objeto de su odio.”

Desde la perspectiva relacional de Linares, basándose en los conceptos básicos de conyugalidad y parentalidad, considera que se da una parentalidad primariamente conservada que se ve deteriorada secundariamente por el impacto de la conyugalidad disármonica, con la consiguiente triangulación del hijo.

En un estudio experimental de casos realizado por Carmen Campo y Iolanda d’Ascenzo obtienen, del análisis relacional de la muestra, que en todos los casos la vinculación afectiva con la familia de origen había estado mediatizada por el mantenimiento de una relación de gran cercanía emocional con solo una de las figuras parentales, generalmente la madre, que podríamos llamar casi fusional.

La hija o el hijo, antes incluso de la adolescencia, eran considerados el confidente. Esa estrecha relación, queda también en algunos casos claramente mediatizada por una sobre implicación en cuanto a los éxitos de los hijos en el ámbito escolar o en el deportivo. En muchos casos, la alta exigencia se deriva de depositar en el hijo necesidades individuales excesivas en cuanto a fuente de gratificación. Se espera que el hijo consiga lo que ellos no pudieron ser.

La impresión que recogen las autoras de dicho estudio es que la conducta sintomática del hijo habría facilitado el desplazamiento de toda la energía y atención de la esfera de la conyugalidad a la de la parentalidad, favoreciéndose con ella una aparente harmonía conyugal.

“En estos casos, cuando el paciente ha mejorado o finalizado el tratamiento con buenos resultados, hemos podido observar el recrudecimiento de las dificultades conyugales en los padres”.

 

Para una lectura más exhaustiva acerca del estudio realizado por Carmen Campo y Iolanda D’ascenzo acerca del Trastorno Límite de la Personalidad:

http://esgef.es/wordpress/wp-content/uploads/2013/09/Campo_DAscenzo_2011.pdf

 

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