Entrena tu cerebro hacia la felicidad (felicidad y neurociencia)

cerebro y felicidadCuando tu cerebro recupera un recuerdo, no lo hace como un ordenador, que convoca una grabación completa de lo que está en el disco duro (como un documento, imagen o canción).

Tu cerebro reconstruye recuerdos implícitos y explícitos a partir de sus características fundamentales y aprovechando sus capacidades de simulación para llenar los detalles que faltan.

Esto supone trabajar más que si se recordara todo, pero es un uso más eficiente del espacio disponible: de esta manera no es necesario guardar grabaciones completas. Y tu cerebro es tan rápido que no te das cuenta de la reconstrucción de cada recuerdo.

Este proceso de reconstrucción te da la oportunidad de ir cambiando gradualmente el sombreado emocional de tu paisaje interior, allá abajo en la microcircuitería de tu cerebro.

Cuando se activa un recuerdo, un acoplamiento enorme de neuronas y sinapsis forma un patrón emergente. Si al mismo tiempo hay otras cosas en tu mente -y especialmente si son muy agradables o desagradables-, tu amígdala e hipocampo asociarán inmediatamente con este patrón neuronal (Padre, Collins y Pelletier 2002). Después, cuando el recuerdo abandone la conciencia, será consolidado en almacén junto con estas otras asociaciones. La próxima vez que se active este recuerdo, tenderá a llevar consigo estas asociaciones.

Por ello, si invocas repetidamente sentimientos y pensamientos negativos mientras está activo un recuerdo, ese recuerdo se irá sombreando cada vez más en dirección negativa. Por ejemplo, recordar un fracaso antiguo mientras que simultáneamente te azotas a ti mismo hará el fracaso cada vez más terrible. Por otra parte, si convocas emociones y perspectivas positivas mientras están activos recuerdos implícitos o explícitos, estas influencias saludables irán entretejiendo en el tejido de estos recuerdos.

Cada vez que haces eso, cada vez que tomas estados mentales dolorosos y limitadores y los cambias en sensaciones y opiniones positivas, vas creando un poco más de estructura neuronal. Con el tiempo, el impacto acumulativo de este material positivo cambiará literalmente tu cerebro, sinapsis en sinapsis.

Imagina que el contenido positivo se va depositando en viejas heridas, suavizando los lugares doloridos con un bálsamo cálido, llenando huecos, sustituyendo poco a poco los sentimientos y creencias negativos con otros positivos.

El material mental negativo con el que tienes que trabajar puede ser de la edad adulta, incluyendo experiencias actuales. Pero a menudo es importante abordar recuerdos explícitos e implícitos de la niñez, porque normalmente aquí están las raíces de las cosas que te molestan ahora.

Las personas se enfadan a veces contra sí mismas porque todavía les afectan cosas del pasado, pero recuerda: el cerebro está diseñado para cambiar con las experiencias, especialmente las negativas; aprendemos de nuestras experiencias, especialmente de las de la niñez, y es natural que este aprendizaje permanezca con nosotros.

Estarás arrancando malas hierbas y plantando flores en el jardín de tu mente.

Como mejor se curan las experiencias dolorosas es oponiéndose las otras positivas, como reemplazando sentimientos de la niñez de debilidad con una sensación de fuerza actual. Si te sigue molestando la tristeza de haber sido maltratado en una relación antigua, recuerda cómo otras personas te quieren y deja que estos sentimientos sedimenten.

Añade el poder del lenguaje diciendo a ti mismo algo como «He pasado por todo esto y estoy aquí, y mucha gente me quiere». No olvidarás lo que pasó, pero su carga emocional quedará muy reducida. No se trata de evitar las experiencias dolorosas ni de aferrarse a las positivas, porque eso sería una manera de ansiedad, y el ansia lleva al sufrimiento.

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

Se trata de acoger las positivas, de incorporar de manera que se conviertan en una parte permanente de ti. Para interiorizar lo positivo, puedes hacerlo en 3 pasos:

  1. Convertir los hechos positivos en experiencias positivas:

Todo el tiempo están pasando cosas buenas a nuestro alrededor, pero la mayor parte del tiempo no nos damos cuenta y, cuando lo hacemos, no lo sentimos apenas. Alguien es agradable contigo, encuentras una calidad admirable en ti mismo, un capullo está floreciendo, acabas un proyecto difícil…, todo va pasando sin más. En vez de eso, busca activamente buenas noticias, especialmente las cosas pequeñas de la vida cotidiana: las caras de los niños, el olor de una naranja, un recuerdo de unas vacaciones feliz, un suceso pequeño en el trabajo, etc. Sea lo que sea lo que encuentres de positivo, aplícale atención plena conscientemente, ábrete a esto y deja que te afecte.

  1. Disfruta de la experiencia, es deliciosa!

Hazla durar quedándote con ella 5, 10, incluso 20 segundos; no dejes que tu atención salte a otra cosa. Cuanto más tiempo permanece algo en la conciencia y más estimulante emocionalmente es, más neuronas se disparan y por ello se conectan, y la huella en la memoria es más fuerte (Lewis 2005).

 Centra tu atención en tus emociones y sensaciones corporales, porque estas son la esencia de la memoria implícita. Haz que la experiencia llene tu cuerpo y sea tan intensa como se pueda. Por ejemplo, si alguien es bueno contigo, permite que la sensación que se ocupen de ti caliente todo tu pecho. Fíjate especialmente en los aspectos gratificantes de la experiencia, por ejemplo en lo agradable que es recibir un gran abrazo de alguien a quien quieres. Centrarse en estas recompensas aumenta la liberación de dopamina, lo que hace más fácil seguir prestando atención a la experiencia, y refuerza sus asociaciones neuronales en la memoria implícita.

  1. Imagina o siente que la experiencia penetra profundamente en tu mente y cuerpo:

Como el calor del sol en una camiseta, el agua en una esponja o una joya colocada en un pecho querido en tu corazón. Sigue relajante tu cuerpo y absorbiendo las emociones, sensaciones y pensamientos de la experiencia.

 

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