Lealtad y Traición, el gran dilema en la familia

Lealtad y traición

La lealtad como sentimiento de pertenencia

El sentimiento de lealtad en la familia lo podemos reconocer, en primera instancia, como un valor que ofrece fortaleza, unión y cohesión al sistema familiar. Una lealtad que está arraigada al sentimiento de pertenencia que nos aporta una seguridad personal casi vital.

Así mismo, este sentimiento de lealtad nos aporta la seguridad de que nuestra madre no nos va a engañar de forma deliberada, que nuestro padre no nos va a estafar o que nuestros hermanos no nos van a traicionar, así como nosotros tampoco a ellos.

Lealtad dentro del enfoque de la terapia sistémica se entiende como: un sentimiento de unidad y compromiso que agrupa, principalmente, necesidades, expectativas, exigencias y límites de un sistema, así como también los pensamientos, sentimientos y motivaciones de cada uno de sus integrantes.

La lealtad que compromete…

Sin embargo, el sentimiento de lealtad también puede tener otra cara bastante más opaca, compleja y casi imperceptible a ojos de un observador externo a la familia.

Son los llamados conflictos de lealtades, que fue descrito inicialmente por Borszomengy-Nagy (1973) como una dinámica familiar en la que la lealtad hacia uno de los padres implica deslealtad hacia el otro. El resultado puede ser una “lealtad escindida” en la que el hijo “tiene que asumir incondicionalmente su lealtad hacia uno de los progenitores en detrimento de la del otro”.

Ante este conflicto de lealtades, el hijo aliado a la madre, siente la obligación de no posicionarse a favor del padre, ya que si lo hace, estará traicionando a su madre y corre el riesgo de dejar de ser querido y valorado por ella.

Como vemos, no es una posición para nada fácil, quizás el lector haya vivido una experiencia parecida y podrá saber que se trata de una posición que genera tensión, ansiedad, necesidad de liberarse de esta posición tan sumamente comprometedora, pero a la vez miedo de hacerlo ya que la “traición” implica sentimiento de culpa.

Este tipo de conflictos suelen darse de una forma más frecuente en procesos de divorcio.

Wallernstein (1989) describe cómo muchos niños consideran la ruptura como una riña entre dos bandos, donde el más poderoso es el que gana el derecho a permanecer en el hogar. En distintos momentos apoyan a uno o a otro. Aunque los padres traten de que los hijos no tomen partido, éstos sienten que deben hacerlo. Pero cuando lo hacen para sentirse más protegidos, también experimentan desazón porque están traicionando a uno de los dos. Si no toman partido, se sienten aislados y desleales hacia ambos progenitores. Es un dilema sin solución.

En el extremo, esas situaciones pueden convertirse en lo que la autora denomina metafóricamente “Síndrome de Medea”.

Se trata de los padres que dejan de percibir que los hijos tienen sus propias necesidades, y comienzan a pensar que el niño es una prolongación de ellos mismos. Los pensamientos “me abondonó” y “nos abondonó a mí y a mi hijo” se convierten en sinónimos y llega un momento en que el padre o la madre y el hijo parecen una unidad funcionalmente indivisible ante el conflicto.

Así mismo, el objetivo del conflicto puede convertirse en conseguir el apoyo incondicional de los hijos. Los niños reciben presiones, habitualmente encubiertas, para acercarse a una y otra posición y, si no toman partido, se sienten aislados y desleales hacia ambos progenitores; pero si lo hacen para buscar más protección, sentirán que traicionan a uno de los dos.

¿Has tenido alguna experiencia de conflicto de lealtades en el ámbito profesional o personal que te apetezca compartir?

 

 

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